martes, 12 de septiembre de 2017

El Cuento Del Medallón


El monarca tenía un ánimo muy cambiante y pasaba con facilidad  de la euforia a la depresión, de la exaltación al abatimiento, del encanto al desencanto. 

Cuando la cosecha del reino era abundante, se sentía pletórico y exultante, pero cuando era escasa, se notaba insuperablemente  melancólico y sin ganas de vivir. Siempre estaba en extremados estados de ánimo, con altibajos emocionales qué, incluso, a él mismo le avergonzaban, pues consideraba que no eran propios de un monarca equilibrado. 

Tan desesperado estaba por sus altibajos anímicos que hizo una proclama pública:

“Aquel artesano que proporcione al rey un medallón que pueda servirle de consuelo y procurarle equilibrio, será recompensado con creces”.

 Todos los artesanos del reino se apresuraron a  preparar medallones de las más variadas formas, pero ninguno le reportaba sosiego al espíritu del monarca.

 Un día se presentó en la corte un artesano de otro reino y le entregó un medallón al monarca. El rey lo miró detenidamente, sólo por un lado, y no encontró en el mismo nada que mereciera especial atención. Indignado, dijo:

-¿Es que pretendes tomarme el pelo, extranjero? No veo nada de especial en este medallón y te haré ahorcar si tus intenciones son burlarte de mí.

-En absoluto, majestad. Me temo que no ha observado el medallón por el otro lado. Ruego a su majestad que tenga a bien hacerlo y le aseguro que, si observa lo que ahí se indica, no volverá a padecer desequilibrios de ánimo.

El rey dio la vuelta al medallón y leyó para sí la inscripción que había en ese lado del medallón y que rezaba:

“Porque hay abundancia, hay escasez; porque hay escasez, hay abundancia. Pero una y otra pasan, incluso el estado de ánimo de su majestad”.


Gracias a ese recordatorio el monarca equilibró sus estados de ánimo. Todas las noches leía la sabia inscripción y lograba conciliar un sueño profundo y reparador.

martes, 15 de agosto de 2017

La fuente de la miseria humana

Fue una de las más grandes tragedias que se hayan visto. Ellos fueron encarcelados por un crimen que no cometieron. Sus captores no revelaron cuál era el supuesto crimen, pero de cualquier modo los mantenían presos. Les eran cubiertas sus necesidades básicas, pero sus vidas eran un infierno. Casi todos los momentos de cada día eran atormentados y maltratados. Eran insultados constantemente y se les decía que eran unos buenos para nada.

Estaban llenos de preocupaciones y de miedos acerca de cualquier cosa y de todo. Eran victimizados y se les daban tantos mensajes cruzados que se volvieron inseguros de quienes eran y de lo que podían lograr. A algunos de ellos se les aislaba de los demás, mientras a otros se les mantenía en mala compañía, con aquellos quienes constantemente los presionaban. Algunos querían morir. Algunos se mantenían luchando con la vida. Todos eran mantenidos en algún grado de cautiverio.

Eran constantemente criticados acerca de lo que hacían. Se les hacía sentir pésimo cada vez que cometían una equivocación. Se les mantenía alejados de todo lo que habían querido siempre. Su decepción y desesperanza crecía cada día. Ellos se auto compadecían y lanzaban su frustración unos a otros. Mientras tanto, sus captores empeoraban las cosas y los prisioneros solo se preguntaban si esto terminaría alguna vez. Estaban sobrecargados por todo lo que eran forzados a hacer. Sufrían y estaban desamparados.

Se les concedían momentos de "libertad", pero no era libertad realmente. Muy dentro de ellos, sabían que tendrían que soportar el dolor que pronto sus captores les infligirían nuevamente, y el alivio temporal no significaba nada. Ellos sufrían la mayor parte del tiempo. Su salud decaía por el maltrato. Muchos de ellos no podían ni dormir. Sus vidas estaban privadas del significado que alguna vez habían tenido. Caminaban deprimidos, ansiosos, temerosos y frustrados de todo. Anhelaban la libertad.

Así que, ¿Quiénes eran ellos?, ¿Quiénes eran sus captores? 'Ellos' eran la raza humana, y sus captores eran sus mentes

Desde tu nacimiento, has aprendido maneras habituales de pensar, sentir y comportarte. Muchos de estos hábitos te aprisionan en la infelicidad, la soledad, la auto duda, la auto conmiseración y el odio. Estos a su vez, afectan tu salud, tus relaciones y tu vida.

Todos queremos ser felices, ¿No es así? Todos queremos tener una existencia significativa. Todos queremos sentirnos conectados a alguien, a algo. Todos queremos compartir nuestras vidas con nuestros seres amados. Queremos vivir nuestras vidas con la libertad de hacer lo que queremos.
En algún punto en el pasado, fuiste puesto en esta Tierra. Tú naciste. En algún punto en el futuro, serás tomado de esta tierra. Tú morirás. Tal vez vayas al cielo, tal vez renacerás a una nueva vida, o tal vez no haya nada después de esta vida.

Como sea, el reloj sigue avanzando. No puedes retener cada momento que pasa.
Tienes una cierta cantidad de tiempo en la vida que ahora estás viviendo. Esta vida involucra muchos momentos de triunfo y deleite, tristeza y desesperación. Te guiará hacia tiempos de oscuridad y hacia tiempos más brillantes. Te toparás con oportunidades y problemas. Esta es tu vida.

Te encontrarás con ciertos personajes a lo largo del camino. Estos personajes te acompañarán en tiempos diferentes. Estarán aquellos que te aman, aquellos que gustan de ti, aquellos a quienes no les gustes, y aquellos a los que no les importes. Algunas veces te tratarán bien, y otras veces te tratarán mal. Algunas veces entrarán en tu vida y otras veces saldrán de ella. Algunas veces serán objeto de tu incontrolable e imperecedero amor, y a veces de cruel y devastador quebranto de corazón. Esta es tu vida.

Tú experimentarás muchos eventos durante tu estancia aquí. Algunos serán buenos y otros malos. Todos te enseñarán. Aprenderás muchas cosas. Algunas te serán útiles y otras no lo serán. Olvidarás muchas cosas; algunas serán importantes y otras no lo serán. Algunas veces fracasarás. Algunas veces tendrás éxito. Algunas personas nacerán con suerte, algunas sin ella. Tendrás momentos de esperanza y felicidad, y momentos de decepción y devastación. Esta es tu vida.

Estas se levantan como verdades inevitables de la vida. Mientras vives en este planeta tienes una opción primordial. Esta opción se reduce simplemente a esto: ¿Cómo quieres vivir? 

Algunos viven libres, algunos no. Para mí, vivir libremente significa vivir felizmente, ser exitoso, conectándote maravillosamente con otros y haciendo una diferencia real en el mundo. Para mí, el ser feliz se trata de crear en nosotros mismos de manera regular, buenos sentimientos y sensaciones, de manera que podamos disfrutar más lo que hacemos, y pensar en maneras más positivas y útiles. Para mí, ser exitoso se trata de lograr cualesquiera metas que nos hayamos establecido, sean estas materiales, espirituales, o simplemente el vivir una mejor vida. Para mí, conectar maravillosamente con otros se trata de manifestar relaciones y amistades con las personas que nos rodean, ayudándolos a sentirse felices y exitosos también. Para mí, hacer una diferencia real en el mundo, se trata de crear, desarrollar, mejorar o refinar algo, que tendrá un efecto positivo en el mundo.

Las verdades de la vida ocurrirán para todos una y otra vez de la misma manera. La verdadera pregunta otra vez es: ¿Cómo vivirás? Hasta este mismo momento en que lees esta oración, ¿Cómo has estado viviendo? ¿Te has estado sintiendo feliz y alegre la mayor parte del tiempo? ¿Has estado haciendo lo que te gusta hacer de un modo que lo disfrutas? ¿Has hecho relaciones significativas, y has conectado con la gente? ¿Has hecho una diferencia real en el mundo que te rodea?

Los seres humanos hemos logrado milagros. Considera todos los inventos a lo largo de los siglos. Comenzamos solo con recursos naturales y ahora hemos construido un mundo virtual. Hemos logrado crear cosas maravillosas con los elementos esenciales más sencillos. Tú solo tienes que detenerte a observar todo lo que podemos hacer ahora, que hace 150 años no podíamos hacer. Todos estos asombrosos inventos comenzaron en la mente de seres humanos. Con todo, la única máquina que poseemos, y que hasta ahora hemos fracasado en manejar con maestría, son nuestras propias mentes. Todo el progreso de la humanidad está basado en la satisfacción de nuestras necesidades, y en nuestro enfoque de ser más felices y exitosos. El tipo de progreso que ofrecemos aquí, es un progreso inherente a aprender a utilizar nuestras mentes con maestría.

Todos queremos liberarnos de nuestros problemas. Todos queremos sentir y experimentar Amor que perdure incondicionalmente y para siempre. Todos queremos vivir nuestras vidas tan bien como podamos y ser tan felices como podamos. 

Tú tienes el mismo número de problemas en tu vida ya sea que estés feliz y contento, o triste y miserable. La diferencia radica en qué tan libre te encuentres de ser afectado negativamente por esos problemas. El tipo de personas con las que te encuentras son ellas mismas, ya sea que estés construyendo relaciones exitosas ó destruyendo relaciones. Cuando te encuentras espiritualmente fascinado y libre, siguen sucediendo tanto cosas buenas como malas en el mundo. Tu opción es el ser libre en este mundo sin importar las circunstancias, o el ser sobrecargado por los problemas y aprisionarte en una dolorosa tortura en los aposentos de tu propia mente.

La fuente de la miseria humana está en la manera en que hemos aprendido a limitarnos a través de nuestras mentes. Es la manera en que aprendimos a pensar acerca de nosotros mismos y a tratarnos a nosotros mismos y a los demás. Ser libres de esta miseria incluye el retomar el control sobre nuestras mentes nuevamente y elegir la alegría sobre la miseria, la libertad sobre las cadenas que nos limitan, y el amor por encima del odio y el miedo que nos sofocan. Es entonces que descubriremos la verdadera fuente de la felicidad humana.

La libertad no solo es un ideal que todos perseguimos... es todo lo que podamos ser. No es miedo, tristeza, soledad, desesperación, pena, decepción, ira o dolor. La libertad es esperanza. Es sabiduría. Es felicidad. Es iluminación. Es amistad. Es humor. Más que todo, es amor.

Mucha gente se esfuerza constantemente en mejorar su vida. Sea que estés deprimido o muy estresado, temeroso o atascado en una zanja, incierto de qué camino tomar en tu vida, o simplemente buscando sobresalir en un área de tu vida, esencialmente todos estamos en el mismo viaje. Todos queremos hacer las cosas mejor, ser aún mejores, y sentirnos aún más felices.

Piensa en este curso como una guía. Puedes utilizarlo para explorar la aventura de la vida y saber cómo manejar esta aventura más exitosamente. Aprenderás sobre cambio y transformación. 

Aprenderás cómo manejar tu cerebro de la manera más efectiva. En este curso se discutirá el significado de lo que es vivir, el logro de la felicidad y el éxito. Te indicará los pasos para mejorar tus relaciones, hacer más amistades y a comunicarte de manera más influyente en tu vida. Te capacitará para manejar tu tiempo con maestría, relajarte donde solías estar estresado, y a motivarte. Te dará las claves para superar la mayoría de los problemas que enfrentas en tu vida y te ofrecerá una poderosa perspectiva y comprensión transformadora de la espiritualidad y tu conexión con el universo.
  
¿No sería agradable aprender a poner más sonrisas en más caras, poner más felicidad en más corazones y hacer una contribución que eleve la calidad de vida para otros en el mundo?
Permítenos ayudarte a entender algunas cosas de las que nunca antes te habías dado cuenta. Permítenos tomar toda tu perspectiva sobre la vida, y cambiarla, de manera que comiences a utilizar tu cerebro y tu cuerpo, y a vivir tu vida de una manera que te permita experimentar más amor, más libertad, más felicidad.


Muchas de las ideas que yacen dentro de los ejercicios de este curso vienen de la tecnología humana conocida como Programación Neuro Lingüística (PNL). 

Extracto del libro "Conversaciones" de Richard Bandler

jueves, 15 de junio de 2017

La leyenda de los 4 elementos


Antes del principio, el Creador de todas las cosas, el Hacedor-Arquitecto, el Dios de la Vida, decidió expandirse más allá de sí mismo para hacerse más sabio y más bello; fue entonces cuando emprendió la tarea de crear todo lo conocido y todo lo que aún no conocemos.
Y así fue que estiró su mano hacia el SUR, que es la dirección que marca el crecimiento y la fructificación, y de allí tomó AGUA y dijo: -"este es el elemento del que surge la vida, que lava y refresca, que hace crecer y da vitalidad; es el elemento que contiene las formas bellas, la emociones y los sentimientos..." Y asoció el Agua con lo femenino.
Luego estiró su mano hacia el NORTE, dirección de la renovación, del conocimiento y la sabiduría, tomó AIRE y dijo: -"este es el elemento del aliento, de la palabra y de la música, de la luz, el color y el perfume; es el elemento que contiene los pensamientos, las ideas y la creatividad; en él está la fuerza de la razón..." Y asoció el Aire con lo masculino.
Más tarde tendió su mano hacia el ESTE, dirección de lo nuevo, de los comienzos, del nacimiento, y de allí tomo FUEGO y dijo:- "este es el elemento de la iluminación y el esclarecimiento, de la purificación y de la fuerza de la vida, de la salud; él es el que contiene el poder de la fuerza espiritual, es la energía, la pasión y la acción..." Y vio que el Fuego también era masculino.
Por último, Dios llevó su mano hacia el OESTE, que es la dirección de la madurez, de la cosecha y de las recompensas, y de allí tomó TIERRA y dijo:- "este es el elemento de lo interior, de lo misterioso y lo secreto, de lo que muere para nacer; en ella las formas se han hecho materia, y contiene en sí la belleza del cambio y de lo dinámico como parte de la vida..." Y vio que esto también era femenino.
Luego el Gran Hacedor, con los cuatro elementos en las manos, comenzó a combinarlos creando así todo lo que existe y en orden de importancia, primero las formas más simples y creciendo así hacia lo más complejo. Y una vez concluida la creación, la puso en movimiento y comenzó a evolucionar, a crecer... y cosas nuevas surgieron de la creación, porque esta tenía vida, y Dios fue feliz porque con cada movimiento nuevo de la creación él mismo se renovaba, puesto que él es la creación.
Fue entonces que decidió hacer una especie consciente de sí misma y con la capacidad de colaborar con la Gran Obra Creativa del Universo. Se trataba del Ser Humano.
Así probó hacerlo con dos de los elementos, tierra y agua, amasando el barro con el que les diera forma; estos primeros seres eran torpes, sin vitalidad, inertes. Por ello es que decidió incorporar un tercer elemento que les diera el espíritu de la vida, el fuego.
Pero estos seres también estaban incompletos, no podían crecer ni reconocer en ellos al Creador, por lo que no comprendían para qué habían sido creados, carecían de alma. Así es que incorporó un cuarto elemento a la creación, el aire.
La creación más sentida hasta ese momento había sido el maíz, el alimento de los dioses. Y amó al ser humano como al maíz, el hombre fue como la carne del maíz. Y al soplar sobre él, el ser humano se esparció por la tierra, como granos de maíz volando al viento.
Repartió sus semillas por las cuatro direcciones de la Tierra: los granos blancos cayeron en las regiones frías del Norte dando lugar a los pueblos de piel blanca; los granos de mazorca oscura volaron hacia el Sur haciendo brotar a los pueblos de piel negra; los que volaron hacia el sol naciente, hacia el Este, fueron los granos más soleados, los más amarillos, nacieron entonces los pueblos orientales; mientras que los maduros granos rojos fueron hacia el Oeste, hacia América donde nacieron todas las Naciones Indígenas.
Dios habla en lo dinámico, en el cambio, así las cuatro grandes naciones-madre con sus modos diversos de relacionarse con la Tierra, cada cual con su propia cultura, comenzaron a caminar la Tierra, a encontrarse, y a mezclarse, a crear nuevos colores con los que pintar el Mundo.
De las cuatro direcciones de donde Dios extrajo los elementos primordiales, de los cuatro puntos cardinales, de esa unión, surgió la más sublime y hermosa de las combinaciones: el Espíritu Humano.
Pero los primeros hombres que poseyeron ese espíritu humano se creyeron superiores, creciendo dentro suyo un orgullo desmedido, sintieron que podían dominar la tierra, no solo vivir de ella, sabiendo lo perfecto de la creación, olvidaron la humildad y el respeto con que hay que tratarla, y entonces fueron, egoístas y crueles, dando mal uso a los poderes de la Naturaleza y dejando de escuchar la voz de ella, pues se sentían más importantes que ella, y al instalarse en ciudades y dejar de buscar nuevos caminos dejaron también de escuchar a Dios.
Entonces Dios vio que el ser humano aún no estaba preparado para tener un espíritu tan noble, pero como también lo amaba puesto que era la parte más hermosa de toda la creación, estableció una dificultad para que sólo aquellos que la resolvieran tuvieran acceso al espíritu y así pudiesen llegar hasta él, hasta Dios.
El Señor de la Creación se metió dentro del espíritu humano y se escondió en lo más profundo de cada ser, de cada hombre y cada mujer. Pero cuando los seres humanos intentaban encontrar su espíritu en lo interior (rezando o meditando) Dios mismo desde el fondo les susurraba sus propios errores para que no volvieran a cometerlos; entonces los seres humanos sentían mucha vergüenza y tenían miedo de Dios. Por eso es que nos cuesta tanto la soledad y el silencio interior.
Fue así que Dios, que no quería que le tuvieran miedo sino que lo amaran porque él mismo los amaba, dio una pista para resolver la dificultad del espíritu, y dijo: -"Que cada ser humano busque dentro suyo los elementos con los que fue creado, que sepa qué tiene de agua, qué tienen de aire, qué de fuego y qué de tierra, que distinga lo que hay de femenino y lo que hay de masculino en su propio ser. Si sigue con respeto los pasos de la creación, entonces encontrará su espíritu y así llegará hasta mí..."

Y dijo además: -"Cuando todos los seres humanos encuentren dentro suyo los cuatro elementos primordiales, serán verdaderos guerreros, nobles y puros, y toda la creación estará en armonía, y ellos podrán colaborar con la creación en lugar de destruirla..."

miércoles, 11 de enero de 2017

Cuento del Ermitaño

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño,  es decir, una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la  oración y a la penitencia.

Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.

La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo.

Les contestó:

"Tengo que domar a dos halcones,

entrenar a dos águilas,

mantener quietos a dos conejos,

vigilar una serpiente,

cargar un asno y

someter a un león".

No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.

¿Dónde están todos estos animales?

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.

 Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.

Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.

Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena,

son mis ojos.

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.

Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir,

son mis dos manos.

Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.

Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta,

son mis dos pies.

Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra    encerrada en una jaula de 32 varillas.

Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño,

es mi lengua.

El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber.

Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día,

es mi cuerpo.

Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser  siempre el primero, es vanidoso y orgulloso,

es mi corazón.

miércoles, 4 de enero de 2017

Cuento del anillo

Un día un sabio maestro recibió la visita de un joven que se dirigió a él para pedirle consejo:

— Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le dijo:

— Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... y haciendo una pausa agregó: — si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
— E... encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y al dárselo al muchacho, agregó:

— Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, quienes lo miraban con algún interés.

Pero les bastaba el escuchar el precio del anillo; cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

¡Cuánto hubiera deseado el joven tener esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Triste, subió a su caballo y volvió a donde el maestro se encontraba:

— Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
— Qué importante lo que has dicho, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

— Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
— ¡58 MONEDAS! — exclamó el joven.
— Sí, -replicó el joyero— yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
— Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo— Tú eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL VIEJO VIOLIN

Estaba maltratado y marcado de cicatrices, y aunque pensó que no valdría la pena malgastar tanto tiempo con el viejo violín, el subastador lo sostuvo en alto, sonriendo.
«¿Qué me ofrecéis, amigos?»—preguntó—.
«¿Quién quiere empezar las ofertas?».
«Un dólar, un dólar...»
y después, ¡dos! ¿Sólo dos?.
«Dos dólares, ¿quién me da tres?».
«Tres dólares, a la una; tres dólares, a las dos; a las...»

Pero no, desde el fondo del salón, un hombre de pelo gris se adelantó a tomar el arco y, después de sacudir el polvo del viejo instrumento y volver a tensarle las cuerdas, tocó una melodía tan dulce y tan pura como las canciones que cantan los ángeles.

Terminada la melodía, el subastador, en voz baja y grave, volvió a preguntar;
«¿Cuánto me ofrecéis por el viejo violín?»
Y levantó el violín y el arco.
«Mil dólares, ¿quién ofrece dos?,
¡Dos mil, a la una! ¿Quién ofrece tres?.
Tres mil, a la una; tres mil, a las dos, y tres mil;
a las tres, ¡adjudicado!», concluyó.

La gente aplaudía, aunque algunos lloraban:
«No entendemos bien qué fue lo que cambió su valor», preguntaban, y la respuesta fue rápida:
«El toque de una mano maestra».

De ese modo más de un hombre de vida desafinada, marcado por los golpes y cicatrices del destino, como al viejo violín, se lo ofertan barato a los indiferentes, por un plato de sopa, por un vaso de vino; y hecha la jugada, sigue su camino.
«Adjudicado» una vez, y «adjudicado» la segunda, «Adjudicado», y casi «está vendido».

Pero llega el "maestro", y la multitud estúpida jamás alcanza a entender del todo cuál es el valor de un alma, ni el cambio que opera el toque de la mano del "maestro".

sábado, 24 de septiembre de 2016

La vendedora de fósforos


Había una niña que no tenía madre ni padre y que vivía en la espesura del bosque. Había una aldea en el lindero del bosque y ella había averiguado que allí podía comprar fósforos a medio penique y después venderlos por la calle a un penique.

Si vendía suficientes fósforos, podía comprarse un mendrugo de pan, regresar a su cobertizo del bosque y dormir vestida con toda la ropa que tenía. Vino el invierno y hacía mucho frío. La niña no tenía zapatos y su abrigo era tan fino que parecía transparente. Sus pies ya habían rebasado el color azul y se habían vuelto de color blanco, lo mismo que los dedos de las manos y la punta de la nariz.

La niña vagaba por las calles y preguntaba a los desconocidos si por favor le querían comprar cerillas. Pero nadie se detenía ni le prestaba la menor atención. Por consiguiente, una noche se sentó diciendo: "Tengo cerillas, puedo encender fuego y calentarme." Pero no tenía leña. Aun así, decidió encender las cerillas. Mientras permanecía allí sentada con las piernas estiradas, encendió el primer fósforo. Al hacerlo, tuvo la sensación de que la nieve y el frío desaparecían por completo. En lugar de los remolinos de nieve, la niña vio una preciosa estancia con una gran estufa verde de cerámica y una puerta de hierro adornada. La estufa irradiaba tanto calor que el aire parecía ondularse. La niña se acurrucó junto a la estufa y se sintió de maravilla.

Pero, de repente, la estufa se apagó y la niña se encontró de nuevo sentada en medio de la nieve. Temblaba tanto que los huesos de la cara le crujían. Entonces encendió la segunda cerilla y la luz se derramó sobre el muro del edificio junto al cual estaba sentada, y ella lo pudo atravesar con la mirada. En la habitación del otro lado de la pared había una mesa cubierta con un mantel más blanco que la nieve y sobre la mesa había platos de porcelana de purísimo color blanco y en una fuente había un pato recién guisado, pero justo cuando ella estaba alargando la mano hacia aquellos manjares, la visión se esfumó.

La niña se encontró de nuevo en la nieve. Pero ahora las rodillas y los labios ya no le dolían. Ahora el frío le escocía y se estaba abriendo camino por sus brazos y su tronco, por lo que ella decidió encender la tercera cerilla.

A la luz de la tercera cerilla vio un precioso árbol de Navidad, bellamente adornado con velas blancas, cintas de encaje y hermosos objetos de cristal y miles y miles de puntitos de luz que ella no podía distinguir con claridad. Y entonces contempló el tronco de aquel gigantesco árbol que subía cada vez más alto y se extendía hacia el techo hasta que se convirtió en las estrellas del firmamento sobre su cabeza y, de pronto, una fulgurante estrella cruzó el cielo y ella recordó que su madre le había dicho que, cuando moría un alma, caía una estrella.

Como llovida del cielo se le apareció su amable y cariñosa abuela y ella se llenó de alegría al verla. La abuela tomó su delantal y la rodeó con él, la estrechó con fuerza contra sí y ella se puso muy contenta. Pero poco después la abuela empezó a esfumarse. Y la niña fue encendiendo un fósforo tras otro para conservar a su abuela a su lado, un fósforo y otro y otro para no perder a su abuela hasta que, al final, la niña y su abuela ascendieron juntas al cielo, donde no hacía frío y no se pasaba hambre ni se sufría dolor.
Y, a la mañana siguiente, encontraron a la niña muerta, inmóvil entre las casas.

∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼
La represión de la fantasía creativa

La niña vive en un ambiente de indiferencia. Si tú te encuentras en uno como éste, vete. La niña está en un ambiente en el que no se valora lo que ella tiene, unas llamitas en lo alto de unos palitos, el principio de cualquier posibilidad creativa. Si tú te encuentras en este apuro, da media vuelta y aléjate. La niña se encuentra en una situación psíquica en la que se le ofrecen muy pocas alternativas.
Se ha resignado a permanecer en el "lugar" que le ha tocado en suerte. Si a ti te ha ocurrido lo mismo, no te resignes y vete, soltando coces. Cuando la Mujer Salvaje se siente acorralada, no se rinde sino que se arroja hacia delante y extiende las garras para luchar.

¿Qué tiene que hacer la vendedora de fósforos? Si tuviera los instintos intactos, se le ofrecerían muchas alternativas: irse a otra ciudad, subirse subrepticiamente a un carro, esconderse en una carbonera... La Mujer Salvaje sabría lo que tendría que hacer a continuación. Pero la pequeña vendedora ya no conoce a la Mujer Salvaje. La niñita salvaje se muere de frío y lo único que le queda es una persona vagando sin rumbo como hipnotizada.

El hecho de estar con personas reales que nos confortan, nos apoyan y ensalzan nuestra creatividad es esencial para la corriente de la vida creativa. De lo contrario, nos morimos de frío. El alimento es un coro de voces tanto interiores como exteriores que observa el estado del ser de una mujer, se encarga de darle aliento y, en caso necesario, también lo consuela.

No sé muy bien cuántos amigos se necesitan, pero está claro que por lo menos uno o dos que nos digan que nuestro don, cualquiera que éste sea, es pan del cielo. Toda mujer tiene derecho a disfrutar de un coro de alabanzas.

Cuando las mujeres se quedan solas en medio del frío tienden a vivir de fantasías en lugar de emprender una acción. La fantasía de este tipo es la gran anestesiadora de las mujeres. Conozco a mujeres dotadas de unas voces bellísimas y a otras que son unas extraordinarias narradoras de cuentos; casi todo lo que sale de sus bocas posee lozanía y está elegantemente cincelado. Pero ellas se sienten en cierto modo aisladas o privadas de sus derechos. Su timidez constituye a menudo la tapadera de un animus medio muerto de hambre. Les cuesta comprender que cuentan con el apoyo interior o con el de los amigos, la familia o la comunidad.

Para evitar ser la vendedora de fósforos, se tiene que emprender una acción importante. Cualquier persona que no apoye tu arte o tu vida no merece que tú le dediques tiempo. Muy duro pero cierto. De otro modo, la mujer pasa directamente a vestir los andrajos de la niña de las cerillas y se ve obligada a vivir una cuarta parte de su vida que congela todos sus pensamientos, su esperanza, sus cualidades, escritos, obras teatrales, diseños o danzas.

El calor tendría que ser el principal objetivo de la vendedora de fósforos. Pero en el cuento no lo es. En su lugar la niña intenta vender las cerillas, su fuente de calor. Al hacerlo así, deja lo femenino con menos calor, menos riqueza y menos sabiduría y sin posibilidad de ulterior desarrollo.

El calor es un misterio. En cierto modo nos sana y nos engendra. Es el relajador de las cosas demasiado tensas, favorece la corriente, la misteriosa ansia de ser, el virginal vuelo de las nuevas ideas. Cualquier cosa que sea, el calor nos atrae cada vez más.

La niña de las cerillas no está en un ambiente propicio para su crecimiento. No hay calor, no hay combustible, no hay leña. ¿Qué podríamos hacer si estuviéramos en su lugar? Primero, podríamos abstenernos de perder el tiempo con el reino de la fantasía que la niña de las cerillas construye encendiendo sus fósforos. Hay tres clases de fantasías. La primera es la fantasía del placer, una forma
de helado mental estrictamente destinada al gozo como son, por ejemplo, los ensueños.

La segunda clase de fantasía es la imaginación deliberada. Este tipo de fantasía es como una sesión de planificación. Se utiliza como vehículo para conducimos a la acción. Todos los acontecimientos —psicológicos, espirituales, financieros y creativos— empiezan con fantasías de esta clase. La tercera clase de fantasía es la que lo paraliza todo. Es la fantasía que impide emprender la acción más acertada en los momentos críticos.

Por desgracia, ésta es la que teje la vendedora de fósforos. Se trata de una fantasía que no tiene nada que ver con la realidad. Tiene que ver más bien con la sensación de que no se puede hacer nada o de que algo es demasiado difícil de hacer, por cuyo motivo es mejor que una se hunda en las fantasías. A veces la fantasía está en la mente de la mujer. Otras veces le viene a través de una botella de alcohol, una jeringuilla o la ausencia de ella. Otras veces el vehículo es el humo de un porro o muchas habitaciones olvidables con cama y desconocido incorporados.

Las mujeres en estas situaciones interpretan el papel de la niña de las cerillas en las fantasías de cada noche y todos los amaneceres se despiertan muertas por congelación. Hay muchas maneras de perder la meta y la concentración. ¿Cómo se puede invertir esta situación y recuperar la estima espiritual y el amor propio? Tenemos que buscar algo muy distinto de lo que buscaba la pequeña vendedora de fósforos. Tenemos que llevar nuestras ideas a un lugar donde se les preste apoyo. Este gigantesco paso va de la mano de la concentración en un objetivo: la búsqueda de alimento. Pocas de nosotras somos capaces de crear a partir exclusivamente de nuestro amor propio. Necesitamos que nos acaricien todas las caricias de alas de ángel habidas y por haber.

A la gente se le ocurren casi siempre ideas maravillosas: voy a pintar esta pared con un color que me guste; voy a crear un proyecto con el que toda la ciudad se sentirá identificada; voy a hacer unos azulejos para mi cuarto de baño y, si me gustan, venderé unos cuantos; reanudaré los estudios, venderé mi casa y me dedicaré a viajar, tendré un hijo, dejaré esto y empezaré lo otro, iré por mi camino, mejoraré mi conducta, ayudaré a enderezar esta injusticia o esta otra, protegeré a los que carecen de protección.

Todos estos proyectos necesitan alimento. Necesitan un apoyo vital de personas cordiales. La niña de las cerillas va vestida de andrajos. Como dice la canción, ha estado abajo tanto tiempo que le parece que está arriba. Nadie puede crecer al nivel en el que ella se encuentra. Queremos colocarnos en una situación en la que, como los árboles y las plantas, podamos volvernos hacia el sol. Pero tiene que haber un sol. Para hacerlo, hemos de movernos, no podemos permanecer sentadas. Tenemos que hacer algo para cambiar nuestra situación. Si no nos movemos, volveremos a las calles a vender cerillas.

Los amigos que nos aman y contemplan calurosamente nuestra vida creativa son los mejores soles del mundo. Cuando una mujer, tal como le ocurre a la niña de las cerillas, no tiene amigos, se queda congelada por la angustia y a veces también por la cólera. Y en ocasiones, aunque tenga amigos, puede que éstos no sean unos soles. Es posible que la consuelen en lugar de hablarle de su situación cada vez más congelada. Pero el consuelo no tiene absolutamente nada que ver con el alimento. El alimento mueve a la mujer de un lugar a otro. El alimento es algo así como unos copos de cereales psíquicos.

La diferencia entre el consuelo y el alimento consiste en lo siguiente: si tú tienes una planta que está enferma porque la guardas en un armario oscuro y le diriges palabras tranquilizadoras, eso es un consuelo. Si sacas la planta del armario, la pones al sol, le das algo de beber y le hablas, eso es un alimento. Una mujer congelada y sin alimento tiende a unos incesantes ensueños del tipo "y si". Sin embargo, aunque se encuentre en este estado de congelación, especialmente si se encuentra en semejante estado, la mujer tiene que rechazar la fantasía del consuelo. La fantasía del consuelo nos matará con toda seguridad.
Ya sabemos lo letales que pueden ser las fantasías: "Algún día", "Si tuviera por lo menos", "Él cambiará", "Si aprendo a dominarme, cuando esté bien preparada, cuando tenga suficiente esto o aquello, cuando los niños sean mayores, cuando tenga más seguridad, cuando encuentre a alguien, en cuanto... ", etc.

La niña de las cerillas tiene una abuela interior que, en lugar de ladrarle "¡Despierta! ¡Levántate! ¡Por mucho que te cueste, busca calor! ". se la lleva a una vida de fantasía, se la lleva al "cielo". Pero el cielo no ayudará a la Mujer Salvaje, a la niña salvaje atrapada ni a la vendedora de fósforos que se encuentra en esta situación. Estas fantasías consoladoras no se tienen que fomentar, pues son unas seductoras y letales distracciones que nos apartan de nuestra verdadera tarea.

Vemos en el cuento que la niña de las cerillas intenta hacer una especie de trueque, una especie de trato comercial erróneo, pues vende las cerillas que son lo único que le podría dar calor. Cuando las mujeres están desconectadas del nutritivo amor de la madre salvaje, se encuentran en una situación equivalente a una dicta de mera subsistencia en el mundo exterior. El ego trata de vivir como puede con una mínima cantidad de alimento del exterior y cada noche regresa una y otra vez del lugar donde empezó y allí se queda dormido, muerto de cansancio. La mujer no puede despertar a una vida con futuro porque su desdichada existencia es como un gancho del que ella cuelga diariamente. En las iniciaciones, la permanencia durante un período significativo de tiempo en condiciones difíciles forma parte de un desmembramiento que aísla a la persona de la comodidad y la complacencia. Como en los ritos de paso, el período terminará y la mujer recién "lijada" iniciará una vida espiritual y creativa, renovada y más sabia.

Sin embargo, se puede decir que las mujeres que se encuentran en la situación de la vendedora de fósforos están pasando por un período de iniciación que se ha torcido. Las condiciones hostiles no sirven para profundizar sino tan sólo para diezmar. Hay que elegir otro lugar, otro ambiente con otros apoyos y guías. Históricamente, sobre todo en la psicología masculina, la enfermedad, el exilio y el sufrimiento se entienden a menudo como un desmembramiento iniciático que a veces reviste un gran significado. Pero en el caso de las mujeres hay otros arquetipos adicionales de iniciación que surgen de la psicología y las condiciones físicas; uno de ellos es el del alumbramiento, otro es el poder de la sangre y otros son el hecho de estar enamoradas o de recibir un amor nutritivo. El hecho de recibir la bendición de alguien a quien ellas admiran, el hecho de que alguien de más edad les imparta enseñanzas de una forma profunda y comprensiva son unos fuertes arquetipos que presentan sus propias tensiones y resurrecciones. La niña de las cerillas se acercó mucho, pero se quedó muy lejos de la fase transitoria de acción y movimiento que hubiera completado su iniciación. A pesar de que su desdichada vida poseía los elementos necesarios para una experiencia iniciática, no tenía a nadie ni dentro ni fuera, capaz de guiar su proceso psíquico.

El invierno psíquico en su sentido más negativo trae el beso de la muerte — es decir, la frialdad— a todo lo que toca. La frialdad significa el final de cualquier relación. Si quieres matar algo, muéstrate fría. En cuanto los sentimientos, los pensamientos o las acciones se congelan, ya no es posible la relación. Cuando los seres humanos quieren abandonar algo que llevan en sí mismos o dejar a una persona fuera, en medio del frío, procuran no prestarle atención, cancelan las invitaciones, la excluyen, se desvían de su camino para no tener ni siquiera que oírla ni vería. Ésta es la situación de la psique de la vendedora de fósforos. Esa niña vaga por las calles y les suplica a los desconocidos que le compren cerillas. Esta escena ilustra una de las situaciones más desconcertantes s del instinto herido de las mujeres, la entrega de la luz a cambio de un pequeño precio. Aquí las lucecitas en lo alto de los palitos son como las luces más grandes de las calaveras ensartadas en las estacas en el cuento de Vasalisa. Representan la sabiduría, pero, por encima de todo, iluminan la conciencia, sustituyendo la oscuridad con la luz y volviendo a encender lo que se ha extinguido. El fuego es el símbolo más importante del revitalizador de la psique.

La niña de las cerillas pasa muchas necesidades, suplica que le den algo y ofrece la luz, de hecho algo que vale mucho más que el penique que ella recibe a cambio. Tanto si este "gran valor que entregamos a cambio de a algo que vale menos" se encuentra dentro de nuestra psique como si es algo que experimentamos en el mundo exterior, el resultado es el mismo: más pérdida de energía. Entonces una mujer no puede responder a sus propias necesidades. Hay algo que suplica vivir, pero no o recibe respuesta. Aquí tenemos a alguien que, como Sofía, el espíritu g griego de la sabiduría, toma la luz del abismo, pero la gasta a tontas y a locas en inútiles fantasías. Los malos amantes, los malos jefes, las situaciones de explotación, los taimados complejos de todas clases tientan a una mujer y la atraen hacia estas decisiones.

Cuando la vendedora de fósforos decide encender las cerillas, utiliza sus recursos para entregarse a las fantasías en lugar de emprender una acción. Utiliza su energía para seguir un camino momentáneo. Todo eso se percibe o con toda claridad en la vida de la mujer. Está decidida a ir a la universidad, pero tarda tres años en decidir en cuál se va a matricular. Piensa pintar una serie de cuadros, pero, no tiene ningún sitio donde montar la a exposición, no convierte la pintura en una prioridad. Quiere hacer esto o aquello, pero no dedica el tiempo necesario a aprender o a desarrollar la sensibilidad o la habilidad necesarias para hacerlo bien, Tiene diez cuadernos de notas llenos de sueños, pero está atrapada en su interpretación y no consigue llevar a la práctica sus significados. Sabe que tiene que marcharse, empezar, dejar, ir, pero no lo hace.

Y ahora comprendemos por qué. Cuando una mujer tiene la sensibilidad congelada, cuando ya no se percibe a sí misma, cuando su sangre, su pasión, ya no llegan a las extremidades de la psique, cuando está desesperada, una vida de fantasía es más agradable que cualquier otra cosa que ella pretenda lograr. Como no tienen leña a la que prender fuego, las llamitas de sus cerillas le queman la psique como si fuera un tronco enorme y seco. La psique empieza a gastarse bromas a sí misma y ahora vive en el fuego imaginario del cumplimiento de todos los anhelos. Pero esta clase de fantasía es como una mentira: cuando la persona la dice a menudo, acaba por creérsela.

Esta especie de ansía de transmutación en la que los problemas o las cuestiones se minimizan a través de entusiastas fantasías acerca de soluciones imposibles o de otros tiempos mejores no sólo asalta a las Mujeres sino que es también uno de los mayores escollos con que tropieza la humanidad. La estufa del cuento de la vendedora de fósforos simboliza los pensamientos cálidos y afectuosos.
Es también el símbolo del centro, el corazón, el hogar. Nos dice que la fantasía de la niña gira en torno a su verdadero yo, al corazón de la psique, al calor de hogar interior.

Pero, de repente, la estufa se apaga. La niña de las cerillas, como todas las mujeres que se hallan en esta apurada situación psíquica, se encuentra sentada de nuevo sobre la nieve. Vernos aquí que esta clase de fantasía es muy breve, pero intensamente destructiva. No tiene nada que quemar más que nuestra energía. Aunque una mujer utilice la fantasía para entrar en calor, acaba padeciendo nuevamente frío.

La pequeña vendedora enciende más cerillas. Cada fantasía se extingue y la niña se encuentra otra vez muerta de frío en la nieve. Cuando la psique se congela, una mujer sólo se mira a sí misma y a nadie más. Enciende una tercera cerilla. Es el tres de los cuentos de hadas, el número mágico, el punto en el que algo nuevo tendría que ocurrir pero en este caso, puesto que la fantasía desborda la acción, no ocurre nada nuevo.

Es curioso que en el cuento haya un árbol de Navidad. El árbol de Navidad es una evolución de un símbolo precristiano de la vida eterna, la planta de hoja perenne. Se podría pensar que eso es su salvación, la idea de la psique de hoja perenne en perenne crecimiento y perenne movimiento, pero la habitación no tiene techo.

La psique no puede abarcar la idea de la vida. El hipnotismo se ha enseñoreado de la situación.

La abuela es muy cariñosa y muy buena, pero es la morfina definitiva, el sorbo definitivo de cicuta. Atrae a la niña al sueño de la muerte. En su sentido más negativo, es el sueño de la complacencia, el sueño del entumecimiento — "Está muy bien, lo podré resistir"—, el sueño de la negación ——"Miraré para el otro lado"—.
Es el sueño de la fantasía perniciosa en el que esperamos que todas las penalidades desaparecerán por arte de magia.

Es un hecho psíquico comprobado que, cuando la libido o la energía disminuyen hasta el extremo de que su aliento no empaña el espejo, surge alguna representación de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida, simbolizada aquí por la abuela. Su función es la de llegar a la muerte de algo, incubar el alma que ha abandonado su cascarón y cuidar de ella hasta que pueda renacer.

Ésta es la gran dicha de la psique de las personas. Incluso en el caso de un final tan doloroso como el de la vendedora de fósforos, queda un rayo de luz. Cuando transcurre el suficiente tiempo y se produce el suficiente malestar y la suficiente presión, la Mujer Salvaje de la psique arrojará nueva vida a la mente de la mujer y le ofrecerá la oportunidad de emprender una vez más una acción en su propio beneficio. Tal como podemos deducir del sufrimiento que todo ello entraña, es mucho mejor sanar la propia afición a las fantasías que esperar, deseando y confiando en resucitar de entre los muertos.
La renovación del fuego.

C l a r i s s a  P i n k o l a  E s t é s
M u j e r e s  q u e  c o r r e n  c o n  l o s  l o b o s