sábado, 10 de febrero de 2018

Cuento del globero

Érase que se era un hombre que vendía globos en un parque de diversiones. Los tenía de todos los colores: rojos, blancos, negros, amarillos. La gente se divertía de muchas maneras, algunos en los columpios, otros en los puestos de palomitas de maíz o comprando algodones de azúcar. El globero caminaba con su mercancía dando vueltas alrededor del parque tratando de venderlos. 

Para llamar la atención de los presentes, decidió soltar algunos de los globos. Primero soltó de la cuerda el blanco, éste subió entre los árboles, esquivó algunas ramas y pronto se elevó hacia el cielo azul. A continuación soltó el rojo, que ascendió de forma parecida. Estaba a punto de soltar el tercero cuando se le acercó una pequeña de piel oscura como el ébano, y algo temerosa se atrevió a preguntar al globero…

–       Señor, si suelta el globo negro ¿subirá al cielo como el blanco?

El hombre, enternecido por la pregunta, se inclinó ante la niña y le dijo con certeza:

–       Hija, evidentemente que sí. ¡Ya lo verás! Pero recuerda lo que te voy a decir, lo que hace subir el globo no es su color, sino lo que lleva dentro.

El globero dejó ir el globo negro y éste subió y subió muy alto hacia el cielo, ante los ojos muy abiertos y la cara sonriente de la pequeña.


Horacio Jaramillo Loya.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Preguntas de Poder

Según Anthony Robbins, la mejor manera de controlar nuestros objetivos es plantearse las preguntas adecuadas.

A través de las preguntas justas podemos comprobar si existe congruencia entre lo que estamos haciendo y lo que queremos obtener, encontramos soluciones a los problemas que nos parecen imposibles y exploramos la manera en que nos enfrentamos a la vida.

Hay una serie de preguntas que Tony sugiere para sentirnos bien todo el día y terminar la jornada con un sentimiento positivo.

Las preguntas de la mañana que te dan poder:

-¿Qué me hace sentir feliz ahora en mi vida?
-¿Qué me entusiasma ahora?
-¿De qué me siento orgulloso?
-¿De qué estoy disfrutando en mi vida?
-¿Con qué me estoy comprometiendo ahora?
-¿A quién amo? ¿Quién me ama? ¿Cómo me siento por ello?

Las preguntas de la noche que te dan poder:

-¿Qué he dado hoy? ¿De qué manera he contribuido a la sociedad?
-¿Qué he aprendido hoy?
-¿De qué manera el día de hoy ha añadido algo a mi vida?
-¿De qué manera puedo usar el día de hoy como una inversión para mi futuro?

Prueba a incorporar este hábito de las preguntas de calidad en tu vida, te ayudará a definir tus objetivos y a cambiar para mejor tu día a día y tu futuro.

martes, 12 de diciembre de 2017

Cuento del cocinero

Alguna vez una hija que se quejaba con su padre de que su vida era miserable y que no sabía cómo iba a hacerlo. Estaba cansada de luchar y luchar todo el tiempo.

Su padre, un chef, la llevó a la cocina. Él llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego alto. Una vez que el agua en las tres ollas empezaron a hervir, colocó las papas en una olla, huevos en la segunda olla, y los granos en la tercera.

El padre espera y deja hervir sin decir una sola palabra a su hija. La hija, gemía y esperó impacientemente, preguntándose qué estaba haciendo.

Después de veinte minutos se apagó el fuego. Tomó las papas fuera de la olla y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en un tazón y por ultimo coló el café y lo puso en una taza. En cuanto a su hija le dijo. “Hija, ¿qué ves?”


“Las papas, los huevos y el café”, respondió la hija

“Mira más de cerca,” dijo, “y toca las papas.” Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Finalmente, él le pidió que probara el café. Su rico aroma trajo una sonrisa a su cara.

“Padre, ¿qué significa esto?”, Preguntó.

Las papas, los huevos y los granos de café se enfrentaron a la misma adversidad – el agua hirviendo.


Sin embargo, cada uno reacciono de manera diferente.

La papa aun siendo dura y tenaz, pero en agua hirviendo, se hizo suave y débil.

El huevo era frágil, con la cáscara fina que protege su interior líquido hasta que se puso en el agua hirviendo. Entonces el interior del huevo se puso duro.

Sin embargo, los granos de café eran únicos. Después de que fueron expuestos al agua hirviendo, cambiaron el agua y crearon algo nuevo.


“Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una papa, un huevo o un grano de café? ”

Moraleja: En la vida, las adversidades suceden a nuestro alrededor, pero la única cosa que importa de verdad es lo que sucede dentro de nosotros en el proceso.

martes, 14 de noviembre de 2017

El cuento del río (Misión y visión)

En cualquier proyecto existe una meta, y si el equipo involucrado en el proyecto persigue los mismos objetivos y logra focalizar sus esfuerzos hacia el resultado esperado, las probabilidades de llevar el barco a buen puerto son altas.

Normalmente, la figura interesada en el proyecto tiene una imagen mental del futuro, es capaz de situarse en el momento de la consecución del mismo y ver todos los beneficios que vendrán de la mano de un proyecto exitoso, esto es la visión.

En la práctica, los proyectos ágiles utilizan las iteraciones que no son más que mini proyectos con una meta definida, que cuando se suman al resto de las iteraciones que componen a todo el proyecto forman el panorama global, el rompecabezas completo, materializan la visión. Cada meta de cada iteración es como una misión que el equipo debe lograr, así surgen estos dos conceptos tan importantes en las metodologías ágiles. La misión y la visión.

He aquí un pequeño cuento que ilustra la visión y la misión, y que puede ser utilizado como herramienta para explicar estos importantes conceptos.


El cuento del río

Érase una vez un joven y apuesto enamorado que vivía obsesionado con una hermosa mujer, que vivía en una cabaña, del otro lado de un caudaloso río. Cierto día, durante un paseo por el campo, el joven vio a la hermosa mujer recogiendo leña cerca de la ribera. No pudiendo contener su impulso, se acercó a ella.

– Hermosa dama, he vivido obsesionado con su bella figura y su lindo rostro por mucho tiempo, sería para mí un honor si pudiera visitarle esta noche para susurrarle palabras de amor a la orilla del río – dijo el joven.

La mujer lo miró y pudo notar que se trataba de un caballero apuesto cuyos ojos reflejaban bondad.
– De acuerdo noble caballero, le espero esta noche, tenga cuidado de que mi padre no lo vea o correrá un gran peligro, no le gusta que yo tenga pretendientes.

Acto seguido la mujer salió corriendo rumbo a su cabaña.

Aquella noche, el joven llegó entusiasmado al río, que se encontraba en completa oscuridad. No podía ver más allá de unos cuantos metros y atravesarlo sería una verdadera hazaña. Se armó de valor y con decisión saltó hacia la roca más cercana.

Levantó la vista y saltó hacia la siguiente roca. Sin embargo, su camino no sería recto, pues las rocas se encontraban de forma dispersa y era imposible seguir una ruta fija, sin embargo, utilizaba su sentido de orientación para regresar al camino. Cuando por fin alcanzó la orilla, levantó la vista y pudo ver una silueta que le aguardaba. Eufórico corrió hacia ella y la abrazó. Para su sorpresa recibió un fuerte golpe que lo derribó y escuchó una furiosa voz que lanzaba todo tipo de improperios contra él. No le quedó otra que salir corriendo, dándose cuenta que se había equivocado de persona y en lugar de abrazar a su amada, había abrazado al ofuscado padre.

Al día siguiente volvió a encontrar a la hermosa mujer recogiendo agua del río.

– Hermosa mujer, traté de verle anoche, pero en la oscuridad he equivocado la ruta al saltar entre las rocas y me topé con su padre que por poco me muele a palos. Tendremos que pensar en otra cosa – dijo.

– De acuerdo – respondió ella -, ¿qué le parece que esta noche yo le espero en el mismo lugar, pero esta vez sostendré una vela en las manos, para que guiado por la luz pueda usted llegar?

El hombre respondió afirmativamente y aquella noche que estaba aún más oscura que la anterior llegó nuevamente a donde comenzaría a saltar entre las rocas. Se sintió feliz cuando pudo ver desde aquella orilla la luz de la vela que su amada sostenía para guiarle. Saltó nuevamente de roca en roca atravesando el río, pero esta vez cuando tenía que desviarse un poco debido a la ubicación de las rocas, bastaba con que levantara la vista para seguir hacia donde la luz de la vela resplandecía. De esta forma, llegó a la otra orilla en donde la hermosa mujer le aguardaba sonriente con aquella vela en las manos.
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En el cuento anterior la Misión del hombre joven consiste en llegar al otro lado del río para abrazar a su enamorada, la vela simboliza la Visión, pues le permite volver al camino correcto ante cualquier posible desvío con solo levantar la vista.

En un proyecto ágil es muy recomendable colocar un cartel a la vista de todo el equipo, con la Misión de la iteración actual y la Visión del proyecto completo, de manera que siempre se tengan presentes. El facilitador o líder, tiene que recordarle constantemente al equipo mirar el cartel para que no se desvíen del objetivo.

domingo, 15 de octubre de 2017

Amar es un Verbo

El Amor es el fruto del Amar

“En un seminario en el que yo hablaba sobre el concepto de proactividad, un hombre dijo: 'Stephen, me gusta lo que dice. Pero las situaciones difieren entre si. Por ejemplo, mi matrimonio. Estoy realmente preocupado. A mi esposa y a mí ya no nos unen los antiguos sentimientos. Supongo que ya no la amo, y que ella ya no me ama a mí. ¿Qué puedo hacer?

- ¿Ya no sienten nada el uno por el otro? - pregunté.

- Así es. Y tenemos tres hijos, que realmente nos preocupan.  ¿Usted que sugiere?

- Ámela - le contesté.

- Pero le digo que ese sentimiento ya no existe entre nosotros.

 - Ámela.

 - No me entiende. El amor ha desaparecido.

- Entonces ámela. Si el sentimiento ha desaparecido, ésa es una buena razón para amarla.

- Pero, ¿Cómo Amar cuando uno no ama?

- Amar, querido amigo, es un verbo. El amor es el fruto del Amar, el verbo. De modo que ámela. Sírvala. Sacrifíquese por ella. Escúchela. Comparta sus sentimientos. Apréciela. Apóyela. ¿Está dispuesto a hacerlo?"

(De “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”,  del Dr. Stephen R. Covey)

jueves, 12 de octubre de 2017

Cuento del Picapedrero

Se trata de la sencilla historia  de un picapedrero. ¿Cómo puede un picapedrero abrir un gigantesco canto rodado? Empieza por utilizar un enorme martillo con el que golpeaba la roca graní­tica con toda la fuerza que puede. La primera vez que la golpea no le hace ni una muesca, no le arranca ni un trocito, nada. Retira el martillo y vuelve a golpear un ay otra vez, 100, 200, 300 veces, sin producir una sola grieta.

Después de tanto esfuerzo, la roca no muestra ni la más ligera grieta, pero él sigue golpeándola. A veces, pasa gente a su lado y se ríe de su persistencia cuando es evidente que sus acciones no están teniendo él menor efecto. Pero un picapedrero es muy inteligente. 

Sabe que, por el hecho de no ver resultados inmediatos de las acciones que realiza, eso no quiere decir que no se esté haciendo ningún progreso. Continúa golpeando la roca en diferentes puntos, una y otra vez, y en algún momento, quizá cuando lleve 500 o 700 golpes, o en el que hace 1.004, la piedra no sólo se astilla, sino que se abre literalmente por la mitad. 

¿Ha sido ese único y último golpe el que ha abierto la piedra? Desde luego que no.

Ha sido la presión constante y continua que ha aplicado al desafío al que se enfrentaba.

martes, 12 de septiembre de 2017

El Cuento Del Medallón


El monarca tenía un ánimo muy cambiante y pasaba con facilidad  de la euforia a la depresión, de la exaltación al abatimiento, del encanto al desencanto. 

Cuando la cosecha del reino era abundante, se sentía pletórico y exultante, pero cuando era escasa, se notaba insuperablemente  melancólico y sin ganas de vivir. Siempre estaba en extremados estados de ánimo, con altibajos emocionales qué, incluso, a él mismo le avergonzaban, pues consideraba que no eran propios de un monarca equilibrado. 

Tan desesperado estaba por sus altibajos anímicos que hizo una proclama pública:

“Aquel artesano que proporcione al rey un medallón que pueda servirle de consuelo y procurarle equilibrio, será recompensado con creces”.

 Todos los artesanos del reino se apresuraron a  preparar medallones de las más variadas formas, pero ninguno le reportaba sosiego al espíritu del monarca.

 Un día se presentó en la corte un artesano de otro reino y le entregó un medallón al monarca. El rey lo miró detenidamente, sólo por un lado, y no encontró en el mismo nada que mereciera especial atención. Indignado, dijo:

-¿Es que pretendes tomarme el pelo, extranjero? No veo nada de especial en este medallón y te haré ahorcar si tus intenciones son burlarte de mí.

-En absoluto, majestad. Me temo que no ha observado el medallón por el otro lado. Ruego a su majestad que tenga a bien hacerlo y le aseguro que, si observa lo que ahí se indica, no volverá a padecer desequilibrios de ánimo.

El rey dio la vuelta al medallón y leyó para sí la inscripción que había en ese lado del medallón y que rezaba:

“Porque hay abundancia, hay escasez; porque hay escasez, hay abundancia. Pero una y otra pasan, incluso el estado de ánimo de su majestad”.


Gracias a ese recordatorio el monarca equilibró sus estados de ánimo. Todas las noches leía la sabia inscripción y lograba conciliar un sueño profundo y reparador.